Implementando la Estrategia Exitosamente

Muchos CEOs tienen una aspiración estratégica clara para su empresa. Después de todo, ser visionario caracteriza a muchos grandes líderes. Pero tener una meta y una estrategia conceptual para la organización no es suficiente para el éxito. Algunos equipos ejecutivos tienen claro cómo podrían alcanzar su estrategia, definen cuales serían los pasos necesarios para llegar a la meta, tienen la capacidad de estructurar planes para avanzar; sin embargo, excepto en empresas pequeñas y descomplicadas, esto sigue sin ser suficiente. Pocas son las empresas capaces de ejecutar nuevas estrategias de forma exitosa. Para alcanzar el posicionamiento o la visión deseada, es necesario movilizar a todos en la dirección correcta, pero solo unos cuantos líderes ejecutan todos los pasos necesarios para lograr el propósito de la organización.

Muchos CEOs tienen una aspiración clara para su empresa, algunos saben cómo se podría lograr, pero pocos ejecutan todos los pasos necesarios para llegar allá.

Luego de llevar a cabo un ejercicio estratégico responsable, de esos que requieren análisis y ponen a la gente a pensar, a salir de su zona de confort, y que permiten establecer un propósito inspirador y una meta ambiciosa, viene la difícil tarea de implementar. Para implementar exitosamente se necesita 3 cosas: traducción, comunicación y metodología.

Traducir la estrategia. Antes de comunicar la estrategia, es increíblemente importante asegurarse que esté en términos que todo el mundo entienda. Aquí no hay espacio para lenguaje rimbombante y complicado. Desde el más novato y desconocedor, hasta el más senior y experimentado, debe ser capaz de entender la esencia de la estrategia. Hay que diseñar mensajes que permeen en distintas audiencias, no solo para que comprendan la estrategia, sino para que guíen sus acciones.

En los 80s, Bill Gates aspiraba a que hubiera “una computadora en cada escritorio y en cada hogar” logrando acuñar un mensaje supremamente claro para todos en Microsoft. Esta frase inspiró a todos en la empresa a trabajar para empoderar a individuos a nivel mundial, le indicó al equipo de producción que tenían que fabricar software de forma masiva y a costos reducidos, para los programadores esto significaba que debían diseñar herramientas sumamente fáciles para los usuarios, para el equipo de distribución implicaba desarrollar una red logística global, y para el equipo de ventas se traducía en desarrollar paquetes a precios accesibles.  Antes de comenzar a explicar estrategias complicadas, y muchas suelen serlo, hay que sentarse a hacer esta “traducción”.  El lenguaje tiene que ser nuestro aliado, no nuestro enemigo.

Comunicar casi obsesivamente. Hay estrategias espectaculares y memorables que nunca tuvieron un chance de hacerse realidad. La razón principal es la falta de comunicación. A menos de que la empresa tenga uno de esos CEO/celebridad tipo Richard Branson de Virgin, que todo lo que dicen sale en redes y cuanto medio se nos ocurra, la única forma de que la gente se sume a una nueva estrategia es comunicándola… a todos… todo el tiempo. Que la gente se entere, no es suficiente.

La única forma de que la gente se sume a una nueva estrategia es comunicándola… a todos… todo el tiempo

Curva de aceptación

Para que las personas trabajen activamente en pro de la estrategia tienen que pasar por un proceso de asimilación que empieza por una comunicación inicial, con la cual se enteran de la estrategia, pero no la entienden bien y posiblemente tienen dudas sobre su validez. Con más comunicación, pasan a entender la lógica detrás de la estrategia y comprenden las razones detrás de la misma, lo cual los lleva a aceptarla. Y con mayor detalle, llegan a entender que son parte esencial de la estrategia, que sin ellos no es posible ejecutarla, que sin ellos no se puede lograr la promesa de valor para el cliente. Solo cuando el equipo llega a entender el valor de sus acciones y se ven como parte crucial de todo el engranaje, se vuelven promotores, activistas y protagonistas de la estrategia.

Esto toma un trabajo constante y diverso de comunicación, que no recae solo en el CEO, sin también en VPs, gerentes, supervisores y líderes hasta el nivel más básico de la organización. Es más, generalmente los distintos niveles jerárquicos se ubican en distintos puntos de la curva de aceptación en un momento dado. Puede haber VPs promoviendo activamente, y supervisores no muy convencidos de la estrategia a la vez. Y es aquí donde vienen los problemas. Los VPs hacen su comunicación formal, y ahí muere el esfuerzo, el mensaje no cala. Por eso es necesario tener un programa de comunicación amplio y continuo.

Metodología de seguimiento y control. El seguimiento al trabajo del día a día es algo que cualquier supervisor conoce. Ya sabemos que lo que no se mide no se gestiona. Pero ¿qué pasa si estoy midiendo algo que es contraproducente para otra área de la empresa y si la suma de las dos cosas afecta los resultados globales?

Si el seguimiento actual no deja entrever cómo se está aportando al logro de los objetivos de la empresa, entonces algo no funciona adecuadamente. Las metodologías de seguimiento como el Cuadro de Mando Integral (Balanced Scorecard) o los Objetivos y Resultados Clave (OKRs) son importantes porque trascienden silos, dan transparencia y permiten que todo el equipo colabore y reme en la misma dirección.

Una estrategia clara evita que cada silo reme para su propio lado

Un proceso estructurado de forma sencilla, con pocos indicadores claves (KPIs) corporativos, iniciativas con claros responsables, y tableros de control (dashboards) que den visibilidad a los avances, permite crear conciencia sobre las altas y las bajas, facilita la toma de medidas correctivas, y da mucho más control sobre los resultados. Finalmente, un buen balanced scorecard puede ser utilizado como herramienta de negociación entre departamentos, como base para retroalimentación y evaluaciones de desempeño y como instrumento de comunicación para equipos.

El camino a la meta es una aventura que requiere del apoyo de todos. Diseñar una estrategia inspiradora y sensata es solo el inicio. Y aunque normalmente no hay atajos, seguir estos pasos seguramente es la línea más directa al éxito de la empresa.

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