A Mejores Líderes, Mejores Resultados

Me ha tocado ver distintos grupos dentro de distintas organizaciones e invariablemente encuentro distintas productividades. En un extremo, hay equipos con altísima productividad que han logrado implementar mejores prácticas, procesos y sistemas, donde hay claridad en los objetivos, la gente está motivada y se logran excelentes resultados. En el otro extremo, están los equipos con resultados pobres, baja moral, conflictos e insatisfacción laboral.

Hay muchos factores que inciden en estas diferencias. Los factores pueden incluir cosas como una estrategia deficiente, cambios derivados de la crisis por Covid, conflictos entre colaboradores y lenta adopción de tecnología necesaria, entre muchas otras cosas. Sin embargo, todo esto es más llevadero cuando se tiene un buen jefe.

Un estudio de McKinsey indica que el segundo factor con mayor impacto en la satisfacción con la vida es la satisfacción laboral (lo primero es la salud mental), y el factor que más influye sobre la satisfacción laboral es relaciones interpersonales, dentro de lo cual el 86% es impulsado por la relación con los gerentes.

Dentro de las relaciones con los jefes, generalmente la relación más importante es con el jefe directo. Un buen jefe no es solo un gerente, es también un líder que inspira, que motiva. Se preocupa, no solo por los resultados, sino también por el bienestar de su equipo. Permite que cada miembro de su equipo desarrolle sus capacidades y los empodera. Comunica una dirección clara y establece expectativas realistas.

En esta época donde el COVID ha causado muchísimo estrés adicional al normal y la interacción humana se ha visto reducida, es esencial que los colaboradores se sientan valorados, reconozcan el impacto de su trabajo y se desempeñen en un ambiente emocionalmente seguro.

Muchos jefes llegan a altos mandos gracias a sus logros individuales y a su proyección de autoconfianza, pero estos rasgos centrados en la individualidad no necesariamente se traducen en buen liderazgo. Según el libro “Why are Great Managers so Rare” de Randall Beck y James Harter, las empresas fallan en escoger el talento adecuado 82% del tiempo. Pero no es el fin del mundo. Las empresas pueden mejorar la situación guiando y moldeando las capacidades de sus gerentes.

Para mejorar la calidad del gerenciamiento los jefes deben:

 

  1. Desarrollar confianza con su equipo: La confianza toma tiempo. Tener interés en el bienestar de cada persona, no solo en lo laboral sino también en lo personal, permite entender qué dificultades puede estar atravesando cada uno y cómo apoyar para superarlas. Por otro lado, hay que ser honesto y tener empatía. Si, hay que ponerse en los zapatos del receptor y entender cómo transmitir las cosas antes de abrir la boca. Una comunicación clara y empática permitirá al equipo sentirse cómodo con el jefe y darle información oportunamente.
  2. Brindar una dirección clara: Cualquiera que sea la estrategia de la empresa, el jefe debe comunicarle a su equipo claramente lo que la estrategia significa y cómo cada uno aporta al logro de los objetivos, la importancia del trabajo que hacen y los resultados esperados. En cuanto a los resultados, es necesario conversarlo. Toma tiempo, pero es la mejor forma de conseguir el compromiso con los mismos. Y esto no queda aquí, hay que dar seguimiento con cierta frecuencia.
  3. Guiar y empoderar a los empleados: El nivel de experiencia y conocimiento de las personas varía. Un colaborador nuevo necesitará guía y capacitación y el supervisor debe facilitarlo. Pero a medida que se obtiene el know-how, hay que empoderar a las personas. En el trabajo, pocas cosas pueden traer mayor satisfacción que un trabajo bien hecho, y lograr ese empoderamiento en los miembros del equipo solo mejora los resultados de todos. Algunos pueden ver esto como una amenaza, pero es realmente todo lo contrario. Lograr el desarrollo de un subalterno es la mejor prueba de ser un buen jefe.
  4. Arremangarse y trabajar a la par: A veces parece que algunos gerentes llegan a puestos altos solo para dar órdenes. La realidad es otra, los jefes también deben ser educadores. Si están ahí por su experiencia y no se están logrando los resultados, es necesario sumergirse en el trabajo del equipo y entender qué puede estar fallando, qué se puede mejorar, qué está haciendo falta y trabajar hombro a hombro con el equipo. Esto genera sentido de equipo y lealtad.
  5. Reconocer las victorias y los errores: No hay nada peor que un jefe que no agradece, o que toma las victorias del equipo como suyas propias.  Cuando alguien hace algo bien hay que agradecerlo rápidamente. Las personas buscan validación y reconocimiento. Es una necesidad básica. Se debe procurar reconocer en público y corregir en privado. Cuando se comete un error hay que hablar con franqueza e identificar lecciones aprendidas para avanzar y crecer. Esto es algo de dos vías, no es solo dar retroalimentación, sino también pedirla para mejorar como jefe.

 

Todo esto traerá mejores resultados. Los empleados motivados aprenden más, aumentan su productividad y mejoran la calidad de su trabajo. Esto a su vez, produce mejoras en los productos y servicios de la empresa lo cual resulta en clientes más satisfechos y mejora la rentabilidad. Además, esto hace a las personas más felices, y eso no tiene precio.

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